Pero en fin. Para los que aún no sepan, Adrián del Águila, cantante de dicha banda, escribió una novela algo así como metalera, que llegó a mis manos hace unos días. Se trata de una lectura relativamente ligera, por lo que en dos días fui capaz de leer las 248 páginas (contando el "encore") sin mayor dificultad. En líneas generales, puedo decir que la novela me gustó y ahora veremos los motivos que me llevaron a dicha opinión. No se preocupen, sin spoilers.
Desde la portada tenemos ya un simbolismo que nos susurra una idea del contenido del libro.
Vemos un brazo tatuado dando un imponente golpe sobre el concreto, dejando el dibujo photoshopeado de unas grietas sobre este. Un claro indicio de que quien editó la imagen no se puso sus anteojos ese día, pero también de que se trata de dar la idea de alguien en una lucha por imponerse al desnudo. No del desnudo que tanto les gusta a mis lectores en mis columnas de "Play Boy", sino de uno de carácter simbólico. Un terno como símbolo de la "domesticación social" desarreglado da a entender que veremos a alguien intentando liberarse de sus cadenas personales, dejando al descubierto su esencia.
Ya en plena lectura concretamente, tenemos una historia narrada en trece capítulos de extensión desigual, en los que se tocan temas medio existencialones como el sinsentido de la vida cotidiana, la psicopatización del mundo empresarial, la búsqueda de un equilibrio entre ser un ciudadano alienado, un hombre rebaño y un "esclavo" infeliz o un drogadicto miserable, un bueno para nada sin metas, amargado y resentido, y por supuesto, el metal como uno de los medios que acompañan la búsqueda. Un, digamos, mecanismo de cordura que le da cierto orden a ese caos y estabiliza lo suficiente a los personajes es ese tétrico viaje.
La historia te lleva por las calles de Lima y te muestra con mucha sinceridad aquello que de acuerdo a mis recuerdos, es una parte del mundo metalero. Tenemos los bares de mala muerte, la estridencia de las guitarras superdistorsionadas armonizando en tonalidades menores con bombos y tarolas reventando, las conversaciones sobre quién es "true" y quien "posero" (o "pacharaco" como dicen en la novela), la eterna guerra de desprecios entre los glameros y los trasheros, aunque eso último como algo muy anecdótico.
Hay, sin embargo, un claro sesgo a lo largo de la novela por el trash metal, lo cual en realidad está bien dado que es la música que le gusta al autor y le da ese toque de sinceridad a la historia.
Está también por ahí el hecho de que quizá haya algunas partes que yo hubiese escrito diferente o sencillamente no hubiese escrito, pero desde luego tengo que aceptarlo como una diferencia válida ya que es así como el autor quiso contarnos la historia y, en realidad, funciona para lo que me parece que desea transmitir: humanismo, crudeza, sinceridad.
Otro dato relevante puede ser que la misteriosa y oscura mujer de negro, oculta entre la siniestra y espesa neblina de una fría noche limeña al borde de un acantilado lleno de almas en pena que me vendió el libro me dijo que hay una clara influencia de Dostoevsky en el estilo. Hecho que no puedo confirmar personalmente porque soy uno de esos ignorantes que no tienen futuro y no saben nada de la vida por no haber leído a dicho autor, pero les dejo la información por si alguno sí lo conoce y está en mejor capacidad de evaluar en base a eso si vale la pena, o no, la lectura.
Como dije, el lenguaje es sencillo, pero está cargado de mucha, MUCHA, jerga limeña; lo que para mí es algo a favor porque me sitúa mejor en el contexto, pero para otro puede ser una traba. El tema, nada que no sepamos ya, es tocado como un mero recordatorio de todo eso que en el tiempo empezamos a olvidar y que nunca está de más revaluar. Hay un pequeño spoiler que sí voy a permitirme: no hay ninguna historia de amor en la que el personaje hombre y el personaje mujer se enamoran y acaban siendo pareja o desarrollando una relación amorosa o algo por el estilo, lo cual en realidad me agrada dada la frecuencia con la que me restriegan esa trama. Supongo que puedes no ser un fan del metal y aún así disfrutar de la historia como conociendo algo nuevo, pero ciertamente ayuda mucho ser metalero para entender a los personajes y disfrutar de sus divertidas aventuras.
| ¡¡AAAAAAAAAAHHHHH!! |
Cinco en el Nabómetro™.
¡Viva el Glam!

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