lunes, 3 de septiembre de 2012

Kay - Salón de Belleza y, aparentemente, Spa.

Scio | 20:16 |
Tiendo a considerarme un letrado en el arte de elegir un buen lugar para cortarme el cabello. Después de todo, vivo en Lima, un lugar donde eres constantemente juzgado por tu estilo de peinado.

O al menos eso quiero creer.

Después de pasar un buen tiempo decidiendo si quería volver a cortar esta extraña materia oscura que sale de mi cráneo, di con un lugar cercano a mi unidad de vivienda.

Visto aquí, cerrado, a media noche, porque el mundo no es perfecto

"Pero Scio, adonis musculoso," dirán. "¿Por qué comenzar este nuevo intento de blog con una reseña a una peluquería? Parece un tema tan mundano."

"Ah," yo responderé, con mi voz característicamente masculina, "¡Pero este no es otro intento fallido para generar temas aleatorios! ¡Es un intento para generar RESEÑAS de cosas y lugares aleatorios! ¡No veo por qué siempre debes criticarme sin razón! ¡Te amo!"

Una vez entendido esto, podremos continuar.

El lugar parece tan estándar como una peluquería podría lucir. Es portador del título Spa porque aparentemente ya nadie sabe los significados de las palabras. Contiene sillas, espejos y personas dispuestas a usar tijeras en contra de la integridad de tu cabello. También hay una jarra con flores cerca a la entrada. Me pareció extraño, pero mantuve la calma.

Una vez entré, la recepcionista me indicó un asiento disponible, una selección de tragos varios (café o gaseosa) y el precio de un corte. Al sentarme, noté el ambiente construido a mi alrededor. El equipo de sonido en el fondo, a un volumen módico, alternaba entre versiones en bachata suave y jazz de canciones ochenteras. A mí alrededor se lucían peceras con arenas finas, revistas de moda y adornos varios. Los asientos cómodos y la serenidad de la luz blanca complementaban mi estancia. Si hasta aquí la descripción parece aburrida, es porque lo era. Es una peluquería. No puedes esperar una experiencia intensa.

Luego de asimilar un desastroso intento de Bohemian Rhapsody versión bachata, la peluquera se me acercó y, tímidamente, comenzó a cortar mi pelo a milímetros. Desearía poder llenarte de pormenores, lector, pero temo que tengo mejores cosas que hacer que escribir 5 páginas acerca de una visita al barbero. Esperaba que un corte de cabello tan simple durara menos de una hora y media. Traté de no quedarme dormido mientras le daba indicaciones de cómo eliminar el volumen.

Luego, después una hora de emparejar la parte de atrás, me hizo un corte en la nuca y tuvo que aplicarme alcohol.

La lección aquí es que no puedes confiar en peluqueras para hacer su trabajo.

O tal vez sólo en esta peluquera. No lo sé. No soy muy versado en peluqueras.

Tampoco recomiendo tomar café mientras te cortan el cabello a menos que quieras tener pelos en la lengua. Yo no lo considero tan divertido, pero en gustos no hay nada escrito.

Le doy a esta peluquería tres de cinco estrellas por tener agallas. Algo que raramente se ve en una peluquería. No es algo que necesite, en realidad. No sé por qué una peluquería necesitaría agallas.

Dos de cinco estrellas.

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